HISTORIA

 

CRUZ ROSA como su nombre lo dice; está conformado por una CRUZ que significa sacrificio y símbolo global de ayuda y ROSA por ser el color distintivo que honra a la mujer desde su nacimiento.

CRUZ ROSA se fundó en el año 2004, con la única misión de poner en práctica el amor al prójimo y como un compromiso con Dios y con México.

Durante mi enfermedad surgió una necesidad de escribir mi proceso, siendo este un modo personal de sanar. Siempre me ha gustado y disfruto escribir y fue bajo esta circunstancia, donde el miedo amanecía conmigo todos los días, en donde vi una oportunidad de redactar paso a paso lo que me sucedía. Doy gracias al apoyo incondicional de mi esposo Eduardo, de mi familia y de las oportunidades que tuve durante mi proceso; en cuanto a elección de doctores, hospitales, la bendición de dormir bien entre otras cosas.

Fue entonces cuando tuve la inquietud de escribir una historia paralela a la mía donde un personaje de mi imaginación, pasaba el mismo proceso pero en circunstancias de extrema pobreza. Este personaje, contaba con pocas posibilidades de tener lo que yo tenía. Sin embargo, teníamos muchas similitudes y debilidades como el miedo, la poca información, el desánimo y la falta de esperanza. Esta redacción sanaba mi estado anímico ya que existía un diálogo diario entre ella y yo en donde compartíamos tristezas y logros del proceso que estábamos viviendo.

Ya de regreso en Monterrey después de mi tratamiento, comencé a buscar la manera de seguir de cerca esta enfermedad. Yo estaba ya agradecida con la vida, con mi esposo, con mi familia y amigos por haber estado tan cerca de mi y por hacerme sentir tan querida. En mi búsqueda fui a dar al área de Oncología del Hospital Universitario. Ahí pasé muchas de mis mañanas acompañando a mujeres con cáncer; yo les informaba de las quimioterapias, las llevaba música y observaba sus reacciones y así vivi con ellas su dolor y desesperanza.

Un día me quede hasta tarde y al salir del hospital rumbo a mi carro escuche, a una persona quejándose de dolor. Entre la oscuridad vi a una señora quien al parecer había pasado por algún tratamiento y venía acompañada de un niño. Les pregunté que necesitaban y me respondió que no entendía nada de lo que le estaba sucediendo y que se sentía fatal. Que por órdenes del médico se tenía que quedar a pasar la noche y no venía preparada y no tenía en donde quedarse además de que se sentía mal y tenía miedo. En ese momento me di cuenta que la historia que yo misma había escrito, se había hecho realidad y que aquella mujer, estaba frente a mi en ese instante. Esa noche le ayudé a conseguir una cama para pasar la noche y camino a mi casa decidí poner en práctica el amor al prójimo y decidí comprometerme con Dios y con México al convertirme en un instrumento de ayuda.

Al llegar a mi casa, lo platique con Eduardo mi esposo y le dije que ya sabía como iba a ayudar pues tenía ya claras las necesidades que existen para las mujeres con cáncer. Hice una investigación sobre lo que existía para ayudar a estas mujeres como un servicio especializado y que a la vez apoyara integralmente. Los resultados me sorprendieron, pues era muy poco lo que existía.

Esta decisión venía acompañada de muchos temores, me preguntaba si tendría el valor, el dinero, el apoyo y me preguntaba si era esto en realidad lo que estaba dispuesta a hacer, ya que estaría atada al tema del cáncer por siempre. Como en todo milagro, cuando existe una necesidad y un necesitado las cosas se dan. Cuando preguntas, encuentras respuestas y personas valiosas como las que estuvieron dispuestas a unirse conmigo. Mi esposo Eduardo quien con su visión y consejo como empresario dieron forma a este proyecto, fue quien me aconsejó conseguir una casa para tener algo tangible por lo cual pedir ayuda. Y las otras dos personas clave del proyecto fueron; Magdalena Chapa quien supo decir que sí en el mejor momento para darnos a la tarea de traducir el sueño en una realidad, y encontrarnos en el camino con Graciela Carbajal quien se ha entregado al proyecto y que con su hermosa calidad humana e inteligencia ha enriquecido a CRUZ ROSA.

Esta experiencia de vida y el haberle dicho si a Dios, para llevar a cabo un proyecto que ahora funciona y se ha consolidado como un proyecto único en su tipo a nivel nacional, me deja claro que bien vale la pena el esfuerzo. Que haber contribuido para mejorar la calidad de vida en mujeres mexicanas, ha enriquecido mi persona y me ha dado la respuesta de la pregunta que tanto nos hacemos; ¿que has hecho de tu vida?

¡Gracias Eduardo, Mane, Graciela y gracias a todo el equipo enorme de CRUZ ROSA!

Claudia Gabriela Navarro de Vázquez

Fundadora de CRUZ ROSA A.B.P.

gabina@cruzrosa.com.mx